Saunas y baños fríos: beneficios reales para la salud
enero 7, 2026
By: Carlos Graterol

Los saunas y los baños fríos no son imprescindibles ni soluciones mágicas. Pueden aportar beneficios puntuales y experiencias positivas, siempre que se practiquen con responsabilidad y sin expectativas irreales. La ciencia sugiere que el verdadero impacto en la salud proviene de la constancia, el movimiento, la conexión social y el placer de cuidar el cuerpo de una forma que resulte sostenible.

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Los saunas y los baños en agua fría se han convertido en protagonistas del bienestar moderno. En redes sociales, influencers y gurús de la salud los presentan como soluciones casi milagrosas para fortalecer el sistema inmunológico, reducir grasa corporal, aliviar dolores y mejorar el estado de ánimo.

Sin embargo, la ciencia invita a mirar estas prácticas con mayor equilibrio y menos promesas absolutas.

Saunas
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Saunas y baños fríos

La fisiología humana cuenta con un sistema altamente eficiente para regular la temperatura corporal, que suele mantenerse entre los 36.5 y 37 grados centígrados.

En la vida diaria, pocas veces exigimos ese sistema, ya que pasamos gran parte del tiempo en espacios con calefacción o aire acondicionado.

Cuando el cuerpo se expone de forma controlada al calor o al frío, se produce un estrés leve que activa respuestas adaptativas, lo que explica parte de sus efectos.

En el caso de los saunas, el calor intenso provoca sudoración, relajación muscular y una sensación general de bienestar.

Muchas personas describen una mejora temporal en la movilidad, una reducción del dolor corporal y una sensación de ligereza mental tras sesiones cortas, de unos 10 a 15 minutos.

Desde el punto de vista científico, algunos estudios preliminares han observado cambios positivos en la presión arterial y en la sensibilidad a la insulina después de exposiciones repetidas al calor, especialmente mediante jacuzzis o saunas húmedos.

No obstante, los expertos advierten que la evidencia sólida sobre beneficios a largo plazo todavía es limitada.

Aún no existen ensayos clínicos amplios y concluyentes que permitan afirmar que el uso regular del sauna previene enfermedades o mejora la salud de forma sostenida.

Por ahora, su principal valor parece estar en cómo hace sentir a las personas, más que en un impacto médico comprobado. Por ello, se recomienda usarlo con moderación, empezar con sesiones cortas y consultar con un médico en caso de embarazo o enfermedades previas.

En el extremo opuesto se encuentran los baños en agua fría, una práctica en auge en playas, ríos y lagos de distintas partes del mundo.

La inmersión en agua fría genera una respuesta inmediata del cuerpo: respiración acelerada, aumento del ritmo cardíaco y liberación de hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol.

Este impacto inicial alcanza su punto máximo en los primeros 30 segundos y luego disminuye rápidamente.

Con la exposición repetida, el organismo se adapta y la respuesta de choque puede reducirse de forma significativa. Algunas personas reportan mayor energía, mejor estado de ánimo y una sensación de logro personal tras estos baños breves, que suelen durar solo uno o dos minutos.

Sin embargo, al igual que ocurre con el sauna, no está del todo claro si los beneficios provienen del frío en sí o del contexto que rodea la actividad.

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La natación en agua fría suele realizarse al aire libre, en contacto con la naturaleza y en grupo. Estos factores, por sí solos, ya están asociados con mejoras en la salud mental, reducción del estrés y mayor sensación de bienestar.

El ejercicio físico, la socialización y el desafío personal se combinan en una experiencia difícil de aislar desde el punto de vista científico.

Los especialistas coinciden en que no existe una fórmula única para mejorar la salud. Más allá de la temperatura, lo clave es encontrar una actividad que genere disfrute, pueda sostenerse en el tiempo y, si es posible, se comparta con otras personas.

Correr, caminar, nadar, practicar jardinería o participar en actividades culturales pueden producir sensaciones similares de bienestar físico y emocional.

Los saunas y los baños fríos no son imprescindibles ni soluciones mágicas. Pueden aportar beneficios puntuales y experiencias positivas, siempre que se practiquen con responsabilidad y sin expectativas irreales. La ciencia sugiere que el verdadero impacto en la salud proviene de la constancia, el movimiento, la conexión social y el placer de cuidar el cuerpo de una forma que resulte sostenible.

Fuente: BBC

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