Las relaciones laborales, de amistad e incluso las románticas se han convertido en un dolor de cabeza para muchas personas.
En un mundo hiperconectado donde mensajes, publicaciones y videollamadas parecen facilitar el contacto con otros, cada vez más personas sienten que es difícil crear y mantener relaciones profundas y significativas.
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Esta paradoja de estar “conectados” pero emocionalmente distantes no es solo una impresión subjetiva: lo respalda la investigación psicológica y social contemporánea.
Aunque internet y las redes sociales prometen acercar a las personas, diversos estudios señalan que esto no siempre se traduce en relaciones humanas auténticas y satisfactorias.
El hecho de tener cientos o incluso miles de contactos en plataformas digitales no garantiza intimidad ni apoyo emocional real. La interacción digital a menudo se limita a likes, comentarios superficiales y conversaciones breves que no estimulan una conexión emocional profunda.
Además, la cultura de la inmediatez impulsada por las tecnologías digitales prioriza la gratificación instantánea y la rapidez sobre procesos emocionales más complejos y lentos, como la construcción de confianza y empatía entre individuos.

Relaciones e interacción personal
Diversos estudios exponen que las relaciones que tienen contacto cara a cara suelen ser más sólidas que otras. Varios investigadores creen que las conversaciones en persona y la presencia física permiten la transmisión de señales no verbales, gestos, tono y expresiones.
Más allá de ser algo básico, son acciones esenciales que sirven para comprender y conectar con alguien de manera profunda.
Sin ese tipo de interacción, las relaciones tienden a quedarse en la superficie, lo que puede causar que las personas se sientan solas incluso cuando “están conectadas” virtualmente.
Precisamente, a raíz de esa falta de conexión real con otros, muchos jóvenes y adultos se inclinan a la soledad. Algunos prefieren mantenerse alejados o transitar su cotidianidad en modo silencioso y evitar establecer relaciones que solo se nutren vía telefónica.
Este sentimiento de soledad puede persistir incluso entre personas rodeadas de otras, un fenómeno que los psicólogos a veces describen como soledad percibida. No es solo la ausencia física de otras personas, sino también la falta de comprensión y conexión emocional con quienes nos rodean.

La tecnología y la erosión de habilidades sociales
El uso intensivo de pantallas también se asocia con una disminución de habilidades sociales prácticas, como la comunicación no verbal y la empatía.
Varios psicólogos consideran que el exceso de tiempo frente a dispositivos está reduciendo lo que llaman el músculo social, esa capacidad para iniciar, mantener y disfrutar conversaciones presenciales.
Esta reducción de oportunidades para practicar habilidades interpersonales se traduce en mayor inseguridad a la hora de acercarse a otros en situaciones reales, perpetuando un ciclo de aislamiento auto-reforzado.
No obstante, los expertos consideran que las causas de la dificultad para relacionarse no son únicamente sociales o tecnológicas, también hay elementos individuales que entran en juego. Por ejemplo:
- Ansiedad social: una condición común que hace que la persona tema el juicio o rechazo de los demás, dificultando la iniciación de conversaciones o la participación en grupos.
- Timidez intensa: la timidez lleva a sobrevalorar las consecuencias negativas de interactuar con otros, lo que puede inhibir conductas sociales saludables.
- Percepción de rechazo: la necesidad humana de ser aceptado está profundamente arraigada; cuando percibimos que otros no nos aceptan, podemos retraernos emocionalmente.
Estos factores no siempre son visibles desde fuera, pero tienen un impacto profundo en la forma en que las personas se relacionan en su día a día.

¿Qué podemos hacer?
Aunque la situación actual presenta múltiples desafíos, también existen estrategias basadas en la investigación que pueden ayudar:
- Fomentar la interacción presencial tanto como sea posible, ya que fortalece la empatía y la comprensión mutua.
- Reducir el tiempo de pantalla para equilibrar la comunicación digital con encuentros reales.
- Practicar habilidades sociales en entornos seguros y graduales puede mejorar la confianza y disminuir la ansiedad social.
- Crear espacios comunitarios y actividades que involucre a muchas personas, ya que la familiaridad facilita la cercanía emocional.
Nunca es tarde para desaprender e impulsarnos a sostener relaciones saludables, duraderas y significativas.
Fuente: Psicología y mente, COPE





