Perder peso sin culpa: por qué la voluntad no basta
enero 9, 2026
By: Carlos Graterol

Perder peso no debería ser una batalla contra uno mismo. Cuando se reconoce la complejidad del problema y se sustituye el juicio por el acompañamiento informado, el camino hacia una mejor salud se vuelve más humano, sostenible y posible.

Leer más: Consejos de seguridad para preparar su quitanieves

Durante años, la conversación sobre el sobrepeso y la obesidad ha estado dominada por una idea simple y contundente: todo depende de la fuerza de voluntad.

Come menos, muévete más y el problema se resuelve. Sin embargo, la ciencia actual y la experiencia clínica muestran que esta visión es incompleta y, en muchos casos, injusta.

Perder peso
Foto de Getty Images

Perder peso

Profesionales de la salud coinciden en que reducir el peso corporal no es solo una cuestión de disciplina personal.

Personas altamente motivadas, informadas y constantes pueden encontrar enormes dificultades para perder peso, incluso siguiendo planes alimenticios estructurados y rutinas de ejercicio.

La razón está en un entramado complejo donde intervienen la biología, la genética, el entorno y factores psicológicos.

Desde el punto de vista médico, el peso corporal está fuertemente influido por los genes. Investigaciones en endocrinología han identificado variaciones genéticas que alteran los mecanismos del cerebro encargados de regular el hambre y la saciedad.

Algunas personas sienten más apetito y menos sensación de llenura después de comer, aun cuando consumen cantidades similares a las de otras personas.

Genes

Uno de los genes más estudiados es el MC4R, relacionado con el control del apetito. Variantes de este gen están presentes en una parte significativa de la población mundial y favorecen la ingesta excesiva.

A esto se suman genes que influyen en el metabolismo, es decir, en la velocidad con la que el cuerpo quema energía. Por eso, dos personas que comen lo mismo y realizan la misma actividad física pueden experimentar resultados muy distintos.

Además, el cuerpo tiende a defender un peso que considera “normal”. Esta idea, conocida como teoría del peso ideal o punto de ajuste, explica por qué muchas dietas terminan en el llamado efecto rebote.

Cuando una persona pierde peso de forma rápida y sostenida, el organismo interpreta ese cambio como una amenaza. Aumenta el hambre, reduce el gasto energético y activa señales biológicas muy potentes que empujan a recuperar los kilos perdidos.

Las hormonas juegan un papel clave en este proceso. La leptina, producida por las células grasas, informa al cerebro cuánta energía se almacena en el cuerpo.

En condiciones ideales, ayuda a regular el apetito y el metabolismo. Sin embargo, en entornos modernos, caracterizados por alimentos ultraprocesados y altos niveles de insulina, esta señal puede volverse menos efectiva, lo que dificulta aún más el control del peso.

El entorno también importa, y mucho. Vivimos rodeados de estímulos constantes para comer: publicidad agresiva, porciones cada vez más grandes, comida rápida accesible y, en muchos casos, más barata que las opciones saludables.

A esto se suman jornadas laborales extensas, estrés crónico, poco descanso y escasas oportunidades para la actividad física.

Este contexto, conocido como entorno obesogénico, hace que incluso las personas con gran determinación enfrenten una lucha desigual.

Perder peso
Foto de Getty Images

Esto no significa que la responsabilidad personal no tenga ningún peso. Mantener hábitos saludables requiere esfuerzo, constancia y decisiones conscientes.

Sin embargo, presentar la obesidad como un simple fallo de carácter ignora la evidencia científica y puede generar culpa, frustración y abandono.

Desde la psicología, también se ha observado que la forma en que se entiende la fuerza de voluntad influye en los resultados. Un enfoque rígido, de todo o nada, suele llevar al abandono tras un pequeño desliz.

En cambio, una actitud flexible, que permite retomar el camino sin castigarse, se asocia con mejores resultados a largo plazo.

La clave parece estar en cambiar el enfoque. Comprender que adelgazar no depende solo de la voluntad permite diseñar estrategias más realistas y efectivas.

Alimentación estructurada, horarios consistentes, apoyo profesional, manejo del estrés, buen descanso y objetivos alcanzables ofrecen mejores posibilidades de éxito que la simple autoexigencia.

Perder peso no debería ser una batalla contra uno mismo. Cuando se reconoce la complejidad del problema y se sustituye el juicio por el acompañamiento informado, el camino hacia una mejor salud se vuelve más humano, sostenible y posible.

Fuente: BBC

inSouth Magazine, desde el 2015 exaltando los valores de nuestra comunidad Latina. Síguenos en nuestras redes sociales como @insouthmagazine y mantente informado.

¡inSouth Magazine siempre contigo!

Seguir leyendo…