Ambos estudios son observacionales, por lo que no establecen una relación directa de causa y efecto. Aun así, los investigadores coincidieron en que el impacto conjunto de pequeños cambios es mayor que el de cualquiera de los hábitos por separado. El mensaje central es claro: caminar unos minutos más, dormir un poco mejor o añadir verduras al plato son pasos accesibles que, sostenidos en el tiempo, pueden contribuir a una vida más larga y saludable.
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La idea de vivir más tiempo sin cambios drásticos en la rutina diaria dejó de ser solo un deseo para convertirse en una posibilidad respaldada por la ciencia.
Dos estudios recientes publicados en revistas del grupo The Lancet demostraron que ajustes mínimos en el sueño, la alimentación y la actividad física pueden tener un impacto significativo en la salud y la longevidad, especialmente en personas con hábitos poco saludables.

Estudio de los hábitos
La primera investigación, difundida en The Lancet, analizó durante ocho años a más de 135,000 adultos de Noruega, Suecia, Estados Unidos y Reino Unido.
Los científicos evaluaron cómo pequeñas variaciones en la actividad física y en el tiempo de sedentarismo influían en el riesgo de mortalidad.
El resultado fue contundente: sumar apenas cinco minutos diarios de actividad moderada, como caminar a un ritmo de cinco kilómetros por hora, se asoció con una reducción del 10 % en el riesgo de muerte en la mayoría de los adultos.
En personas con niveles muy bajos de movimiento, la disminución fue del 6 %.
El estudio también examinó el efecto de reducir el tiempo que se pasa sentado o inactivo. Disminuir media hora diaria de sedentarismo se vinculó con un 7 % menos de mortalidad, mientras que recortar una hora completa elevó el beneficio hasta un 13 %.
Los autores destacaron que los mayores efectos se observaron en quienes llevaban estilos de vida más inactivos y subrayaron que no es imprescindible cumplir de manera estricta las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para obtener mejoras relevantes.
La OMS aconseja entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de ejercicio vigoroso, además de rutinas de fortalecimiento muscular dos veces por semana.
Sin embargo, los datos sugieren que incluso quienes están lejos de esos objetivos pueden beneficiarse con incrementos pequeños y sostenidos.
Segundo estudio
El segundo estudio, publicado en eClinicalMedicine del grupo The Lancet Discovery Science, amplió el enfoque al analizar el efecto combinado del sueño, la dieta y el ejercicio.
Para ello, los investigadores utilizaron información de casi 60,000 participantes del Biobanco del Reino Unido.
Durante una semana, los voluntarios usaron dispositivos de muñeca para registrar sueño y movimiento, y se consideró ejercicio la actividad física moderada o intensa.
La calidad de la dieta se midió en una escala de 0 a 100, priorizando el consumo de frutas y la ausencia de bebidas azucaradas.
Como referencia, el grupo con peores hábitos dormía en promedio 5.5 horas por noche, realizaba 7.3 minutos diarios de ejercicio y alcanzaba una puntuación de 36.9 en calidad de dieta.
En ese grupo, mejoras mínimas como cinco minutos extra de sueño, 1.9 minutos adicionales de ejercicio al día y un aumento de cinco puntos en la calidad de la dieta se asociaron con un año más de esperanza de vida.

El estudio también mostró que quienes no lograban mejorar las tres áreas podían obtener un beneficio similar con cambios más concentrados, como dormir 25 minutos adicionales por noche, sumar 2.3 minutos de ejercicio diario o mejorar significativamente la calidad de la dieta.
Según los investigadores, una combinación más amplia de mejoras podría traducirse en hasta cuatro años adicionales de vida, y una combinación considerada óptima se asoció incluso con una década extra de longevidad.
Nicholas Koemel, autor principal del estudio, explicó que pequeños comportamientos acumulados en el tiempo pueden generar diferencias profundas en la salud.
En la misma línea, la doctora Maha Alattar señaló que los efectos del sueño son acumulativos y que añadir pocos minutos cada día puede sumar muchas horas al final del mes.
Ambos estudios son observacionales, por lo que no establecen una relación directa de causa y efecto. Aun así, los investigadores coincidieron en que el impacto conjunto de pequeños cambios es mayor que el de cada hábito por separado. El mensaje central es claro: caminar unos minutos más, dormir un poco mejor o añadir verduras al plato son pasos accesibles que, sostenidos en el tiempo, pueden contribuir a una vida más larga y saludable.
Fuente: Infobae






