La inteligencia artificial (IA) comienza a formar parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes, incluso a edades en las que todavía están desarrollando habilidades esenciales para aprender, relacionarse y comprender el mundo. Su capacidad para responder de inmediato plantea nuevos desafíos para la educación infantil y para las familias.
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La pediatra Edith Bracho-Sánchez relata que su hijo de cuatro años ya había utilizado una aplicación de IA para comprobar información sobre insectos.
El episodio mostró una realidad que puede pasar inadvertida: los niños pequeños pueden familiarizarse con estas herramientas mucho antes de que los adultos esperen hablar con ellos sobre sus riesgos y limitaciones.

IA en niños
A diferencia de otras tecnologías, la IA interactúa directamente con el usuario. Puede recordar preguntas anteriores, responder en tiempo real y mantener conversaciones que pueden parecerse a un intercambio humano.
Por ello, el riesgo no se limita a la cantidad de tiempo que un niño permanece frente a una pantalla, sino a la posibilidad de que comience a depender de estos programas para resolver problemas, responder preguntas o incluso satisfacer necesidades sociales.
En el ámbito educativo, una respuesta generada por IA puede aparecer antes de que un niño tenga la oportunidad de pensar por sí mismo. Para los menores, equivocarse, formular hipótesis, intentar nuevamente y descubrir una respuesta forman parte esencial del aprendizaje.
La eficiencia que caracteriza a estas herramientas puede reducir ese proceso. Para un adulto, obtener una respuesta inmediata puede resultar práctico. Sin embargo, durante el desarrollo infantil, el tiempo dedicado a no saber, explorar y equivocarse también permite construir razonamiento y creatividad.
La edad es otro factor fundamental. Un niño de seis años todavía está desarrollando las capacidades necesarias para cuestionar una fuente, evaluar su credibilidad y detectar información incorrecta. Un adolescente de 14 años posee mayores herramientas para adoptar una postura crítica, aunque también puede establecer vínculos emocionales con la tecnología.
Los niños pequeños pueden desarrollar vínculos afectivos con aquello que responde de manera constante y predecible. Un chatbot puede mantener una conversación sin que el menor comprenda completamente que no está interactuando con una persona que piensa o siente.
Durante la adolescencia, el vínculo puede adquirir otras características. La IA puede resultar atractiva para jóvenes que atraviesan dificultades relacionadas con la amistad, el rechazo, la identidad o el sentido de pertenencia.
Un sistema disponible permanentemente y que no juzga puede convertirse en un espacio de confianza, especialmente en momentos de ansiedad o tristeza.
Por esa razón, el acompañamiento familiar cambia según la etapa de desarrollo. En los niños pequeños, la recomendación planteada por la especialista es utilizar la IA junto con ellos y explicarles qué es: un programa informático capaz de generar respuestas, pero que no es una persona y puede equivocarse.
También resulta importante establecer límites. La IA puede utilizarse para responder preguntas concretas junto a un adulto, pero no debería convertirse en el recurso automático al que un niño recurra cada vez que desconozca algo.
Con los adolescentes, la prioridad pasa por desarrollar el escepticismo y la capacidad de verificar información. Es necesario enseñarles que una respuesta convincente puede ser incorrecta, contrastar afirmaciones con otras fuentes y comprender qué información personal debe mantenerse privada.
También conviene observar cuándo una herramienta deja de complementar las relaciones y comienza a sustituirlas. Una conversación con un chatbot no debería desplazar automáticamente el diálogo con familiares, amigos o profesionales cuando estos vínculos son necesarios.
El objetivo no consiste únicamente en establecer límites tecnológicos. También implica enseñar habilidades humanas que requieren práctica: pensar antes de responder, tolerar la incertidumbre, resolver problemas, mantener conversaciones difíciles y construir relaciones fuera de las pantallas.
La inteligencia artificial puede ofrecer respuestas rápidas, pero durante la infancia el proceso para encontrar una respuesta también constituye una parte fundamental del aprendizaje. En ese espacio entre “no lo sé” y “ya lo descubrí” se desarrollan habilidades que ningún resultado inmediato puede reemplazar.
Fuente: CNN




