Curiosidad: la motivación transforma el aprendizaje
enero 26, 2026
By: Carlos Graterol

Este enfoque invita a repensar prácticas cotidianas. No todo aprendizaje requiere estrés constante. Crear espacios para la curiosidad, el interés y la exploración fortalece la memoria y la creatividad. Al mismo tiempo, entender cómo funciona el aprendizaje bajo presión permite usar ese estado de manera puntual y estratégica, sin convertirlo en la regla.

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La forma en que el cerebro aprende y recuerda información no depende únicamente del tiempo de estudio ni del talento intelectual.

La motivación que impulsa el aprendizaje cumple un rol decisivo y puede cambiar por completo la manera en que los recuerdos se forman, se consolidan y se recuperan.

Así lo explica un modelo reciente desarrollado por científicos de la Universidad Nacional de Singapur y la Universidad de Duke, cuyos hallazgos abren nuevas perspectivas para la educación, la salud mental y la prevención del deterioro cognitivo.

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Imagen cortesía de Infobae

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La investigación, liderada por Poh Jia-Hou y R. Alison Adcock y publicada en Annual Review of Psychology, propone que el cerebro no aprende siempre del mismo modo.

Según los autores, existen dos grandes estados motivacionales que organizan la actividad neural durante el aprendizaje y determinan la calidad de la memoria: el estado interrogativo y el estado imperativo.

El estado interrogativo aparece cuando la persona aprende movida por la curiosidad, el interés genuino o el deseo de comprender.

Se activa cuando alguien explora un tema por iniciativa propia, formula preguntas o conecta ideas sin una presión inmediata. En este contexto, el cerebro prioriza la exploración, la integración de conceptos y la construcción de significados amplios.

Desde el punto de vista biológico, este estado se asocia principalmente a la dopamina, un neurotransmisor vinculado con la motivación, el placer y la expectativa de recompensa.

La dopamina favorece la actividad del hipocampo, clave para la consolidación de la memoria, y de la corteza prefrontal, implicada en la planificación, la reflexión y el pensamiento flexible.

Como resultado, los recuerdos formados bajo este tipo de motivación suelen ser más duraderos, más coherentes y más fáciles de aplicar en contextos nuevos.

En contraste, el estado imperativo surge cuando el aprendizaje está guiado por la urgencia, la presión o el estrés. Estudiar para un examen próximo, cumplir una fecha límite o responder a una exigencia inmediata activa este modo.

Aquí, el cerebro se enfoca en la rapidez, la atención sostenida y la respuesta eficaz ante una demanda concreta.

En este estado predomina la noradrenalina, un neurotransmisor relacionado con la alerta y la respuesta ante situaciones exigentes. Se activan regiones como la amígdala y áreas sensoriales, que permiten reaccionar con rapidez y precisión.

Sin embargo, este tipo de aprendizaje suele generar recuerdos más fragmentados y menos integrados, útiles en el corto plazo pero frágiles con el paso del tiempo.

Los investigadores sostienen que la motivación no funciona solo como un impulso adicional, sino como un factor que define qué tipo de memoria se construye.

Cada estado motivacional crea un contexto neural específico que condiciona cómo la información se codifica y se almacena.

Esto explica por qué dos personas pueden aprender el mismo contenido y recordarlo de formas muy distintas, según si lo hicieron desde la curiosidad o desde la presión.

Las implicaciones de este modelo son amplias. En educación, sugiere que fomentar la curiosidad, el interés personal y la exploración activa puede mejorar la calidad del aprendizaje a largo plazo, más allá del rendimiento inmediato.

Diseñar experiencias educativas que despierten preguntas y conexiones significativas podría favorecer una comprensión más profunda y duradera.

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En el ámbito de la salud, comprender estos estados resulta clave para abordar dificultades de motivación, trastornos de atención, depresión o procesos de envejecimiento cognitivo.

Los investigadores también analizan cómo estas dinámicas cambian con la edad y exploran el uso de tecnologías como la inteligencia artificial o el neurofeedback para adaptar el aprendizaje al estado motivacional de cada persona.

Este enfoque invita a repensar prácticas cotidianas. No todo aprendizaje requiere estrés constante. Crear espacios para la curiosidad, el interés y la exploración fortalece la memoria y la creatividad. Al mismo tiempo, entender cómo funciona el aprendizaje bajo presión permite usar ese estado de manera puntual y estratégica, sin convertirlo en la regla.

Aprender no es solo adquirir información. Es una experiencia biológica y emocional que deja huellas distintas en el cerebro, según la motivación que la impulsa.

Fuente: Infobae

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