Si el Congreso no aprueba una extensión presupuestaria antes de la fecha límite, el Departamento de Seguridad Nacional podría enfrentar una interrupción parcial de actividades. Aunque muchas funciones esenciales continuarían operando, el cierre afectaría a miles de empleados federales y enviaría una señal de inestabilidad en un área vinculada a la seguridad fronteriza, la lucha contra el terrorismo y la gestión de emergencias.
Leer más: Cuba acorralada: crisis energética y una posible operación militar
El financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos expira este viernes a la medianoche y el Congreso sigue sin alcanzar un acuerdo.
La posibilidad de un cierre parcial del Gobierno vuelve a instalarse en Washington en medio de tensas negociaciones entre republicanos y demócratas, con la política migratoria como eje central del conflicto.

Congreso
Mientras la Casa Blanca mantiene conversaciones con legisladores demócratas para introducir reformas en el Departamento de Seguridad Nacional, un sector relevante del Partido Republicano presiona al presidente Donald Trump para que no ceda en lo que consideran una promesa clave de campaña.
Varios legisladores conservadores exigen que cualquier concesión incluya medidas firmes contra las llamadas ciudades santuario y un refuerzo de la aplicación de las leyes federales de inmigración.
El líder de la mayoría del Senado, John Thune, reconoció que las conversaciones avanzan, pero advirtió que el tiempo apremia. En el pleno, sostuvo que para evitar un cierre será necesaria una nueva resolución continua que permita extender temporalmente el financiamiento mientras continúan las negociaciones.
Según explicó, la renegociación solicitada por los demócratas el mes pasado ha requerido para el congreso más tiempo del previsto y aún no ha desembocado en un acuerdo definitivo.
Thune afirmó que existe una ruta posible hacia el entendimiento, aunque admitió que las partes necesitarán más días para cerrar los puntos pendientes.
También instó a los demócratas a permanecer en la mesa de diálogo y evitar lo que calificó como un cierre innecesario, una alternativa que, en su opinión, no beneficia a nadie.
En la Cámara de Representantes, el presidente Mike Johnson confirmó que la Casa Blanca planea enviar nuevos detalles a los demócratas como parte de la negociación. Johnson pidió a los legisladores que permanezcan en Washington y estén preparados para votar este viernes, a pesar de que inicialmente no se habían programado sesiones.
El mensaje refleja la incertidumbre que rodea las próximas horas y la posibilidad real de que el Congreso deba actuar con rapidez para evitar la interrupción de operaciones en una de las agencias más sensibles del Gobierno federal.
Del lado demócrata, el tono es marcadamente distinto. El líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, expresó escepticismo sobre la viabilidad de un acuerdo inmediato y anticipó que su bancada difícilmente respaldará una resolución de financiamiento a corto plazo si no se introducen cambios sustanciales.
Según Schumer, los republicanos no han negociado de manera seria una solución que limite las acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y frene lo que describen como prácticas excesivas.
La disputa ocurre en un contexto de alta tensión política. En las últimas semanas, operativos migratorios y protestas han elevado el debate público sobre el rol del Departamento de Seguridad Nacional y sus agencias.
Las decisiones sobre financiamiento no solo determinan el funcionamiento administrativo, sino también el alcance de las políticas de control migratorio, uno de los temas más polarizantes en la agenda nacional.

Si el Congreso no aprueba una extensión presupuestaria antes de la fecha límite, el Departamento de Seguridad Nacional podría enfrentar una interrupción parcial de actividades.
Aunque muchas funciones esenciales continuarían operando, el cierre afectaría a miles de empleados federales y enviaría una señal de inestabilidad en un área vinculada a la seguridad fronteriza, la lucha contra el terrorismo y la gestión de emergencias.
El desenlace dependerá de la capacidad de ambos partidos para encontrar un punto medio en las próximas horas. Los republicanos buscan consolidar una postura firme en inmigración, mientras los demócratas exigen límites claros y cambios estructurales. En juego no solo está el presupuesto del DHS, sino también el equilibrio político en un año marcado por intensas disputas legislativas.
Con el reloj en cuenta regresiva, Washington enfrenta otra prueba de gobernabilidad. El acuerdo aún es posible, pero cada hora que pasa sin consenso acerca al país a un nuevo escenario de cierre gubernamental con consecuencias políticas y administrativas significativas.
Fuente: CNN





