Estos artistas Latinos entendieron algo clave: el perfume no es mercancía secundaria. Es narrativa, memoria y cultura. Cuando se crea con intención, puede convertirse en una de las formas más poderosas de identidad personal.
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Durante años, las fragancias firmadas por celebridades fueron vistas como un complemento superficial, casi decorativo, dentro del engranaje comercial del entretenimiento.
Sin embargo, varios artistas Latinos rompieron esa lógica y demostraron que un perfume puede ser mucho más que un producto con nombre famoso.
Puede convertirse en una extensión del discurso artístico, en una forma íntima de expresión y en un símbolo cultural reconocible.

Perfumes de artistas Latinos
En el universo Latino, el perfume dejó de ser un simple objeto de consumo para transformarse en identidad líquida. No se trata solo de oler bien, sino de encapsular una era, una actitud y una manera de habitar el mundo.
Estos artistas entendieron que la fragancia también comunica y que, bien trabajada, puede dialogar con la música, la imagen pública y la emoción colectiva.
Shakira fue una de las pioneras en este camino. Con líneas como S by Shakira, Dance y Rock!, la artista colombiana apostó por fragancias cercanas, frescas y emocionales.
Lejos del lujo inaccesible, sus perfumes buscaron conexión directa con su público, el mismo que creció escuchando sus canciones.
Cada aroma funcionó como un reflejo de distintas etapas de su carrera y de su personalidad cambiante, siempre honesta y reconocible.
Jennifer Lopez llevó el concepto a otra escala. Glow by J.Lo no solo fue un éxito comercial, sino que redefinió el mercado.
La fragancia creó una categoría propia y probó que una artista Latina podía liderar la industria global de perfumes sin depender de casas de moda tradicionales.
Glow representó limpieza, sensualidad cotidiana y empoderamiento femenino, valores que consolidaron su impacto cultural más allá de la música y el cine.
Antonio Banderas apostó por una estrategia distinta, pero igual de efectiva. Con títulos como Blue Seduction y The Secret, construyó fragancias pensadas para el mercado masivo, bien ejecutadas y fácilmente reconocibles.
La frescura acuática y cítrica de la primera contrasta con el perfil especiado y amaderado de la segunda. En ambos casos, el resultado es masculino, elegante y accesible, una combinación que conecta con su imagen pública.
Maluma representa la nueva generación de artistas que entienden el perfume como parte del espectáculo. Royalty by Maluma mezcla cítricos dulces, lavanda, maderas cálidas y ámbar para crear un aroma intenso y nocturno.
La fragancia transmite lujo joven, seducción y presencia escénica. No intenta sorprender, sino cumplir con precisión lo que su audiencia espera de él.
Daddy Yankee, por su parte, utilizó el perfume como una declaración de legado. DY by Daddy Yankee no busca reinventar la perfumería, sino consolidar una trayectoria. El aroma comunica liderazgo, constancia y respeto ganado con los años.
Es la traducción olfativa de un nombre que ya funciona como institución dentro de la música Latina.

Thalía eligió un camino emocional. Fragancias como Amor a la Mexicana y Thalía Sodi evocan hogar, recuerdos y cercanía.
Son perfumes que priorizan la conexión afectiva por encima de las tendencias del mercado, una decisión coherente con una figura que siempre ha cultivado un vínculo íntimo con su público.
Finalmente, Kenia Os encarna el espíritu generacional. Muse no es solo un perfume, es una declaración de independencia. El aroma transmite seguridad, crecimiento personal y celebración del presente. Es una fragancia pensada para acompañar el momento vital de quienes saben que están construyendo su propia era.
Estos artistas Latinos entendieron algo clave: el perfume no es mercancía secundaria. Es narrativa, memoria y cultura. Cuando se crea con intención, puede convertirse en una de las formas más poderosas de identidad personal.
Fuente: El Botón





