La tragedia provocada por los fuertes terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio sigue dejando imágenes dolorosas que reflejan la magnitud del desastre y la cantidad de víctimas.
Mientras continúan las labores de rescate y atención a miles de personas afectadas, un cementerio de emergencia en el estado La Guaira se ha convertido en el destino final de cientos de víctimas, muchas de ellas sin identificar.
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Aún hay demasiadas familias que desconocen el paradero de sus seres queridos, pero la gran cantidad de fallecidos, el colapso de los servicios y la dificultad de todo lo que representa el proceso, han hecho que la identificación sea imposible.
La falta de espacios óptimos sumados a la descomposición de las víctimas que han logrado sacar de entre los escombros, también hace que la tarea sea aún más compleja.
Ni siquiera el Estado ha logrado un registro digno y aceptable para que las familias puedan identificar los cuerpos.
¿Cementerio o fosa común en Venezuela?
En una ladera del camposanto llamado La esperanza, ubicado en La Guaira, hay equipos de trabajo que preparan nuevas áreas de sepultura para las víctimas de los terremotos.
Muchos cadáveres, según un trabajo especial elaborado por El País, son enterrados sin conocer más allá de su sexo. A pesar de que hay ciertas tumbas con piedras blancas, una cruz de madera y un código que contiene expediente, hay otras que solo tienen la inscripción de “identificación especial”.
Esta es una medida que busca mantener abierta la posibilidad de reconocer esos cuerpos en el futuro.
Los responsables del operativo han insistido en que no se trata de fosas comunes improvisadas, sino de un procedimiento organizado que busca preservar la dignidad de cada víctima pese a las difíciles circunstancias. Pero ante los habitantes de La Guaira y el mundo, esta es una fosa común.

Lejos de responsabilizarse por la ineficiencia con la que manejaron el caos, las autoridades aseguran que la migración también dificulta el proceso de registro.
Millones de ciudadanos viven actualmente fuera del país, lo que significa que cientos de personas fallecidas no tienen familiares cercanos que puedan acudir a reconocer sus cuerpos o realizar los trámites funerarios.
En numerosos casos, quienes lograron localizar a sus familiares y contaban con recursos económicos pudieron contratar servicios funerarios o realizar cremaciones.
Sin embargo, hay demasiadas víctimas que no pudieron ser reclamadas. Esta realidad ha incrementado el número de personas enterradas solo bajo un código de identificación.
Gestión de cadáveres tras los terremotos
La tragedia es mucho más caótica de lo que parece. El manejo de los cuerpos durante los primeros días posteriores a los terremotos también es objeto de cuestionamientos.
Diversos testimonios señalaron que la enorme cantidad de víctimas superó la capacidad de respuesta inicial, provocando retrasos en el traslado y conservación de los cadáveres.
Algunos reportes describieron que muchos de los cuerpos permanecieron durante horas e incluso días en espacios improvisados mientras esperaban ser identificados o trasladados a un lugar adecuado.
Las altas temperaturas agravaron la situación y generaron preocupación entre los habitantes cercanos, quienes denunciaron fuertes olores y solicitaron que las autoridades aceleraran el proceso de recolección.
Posteriormente, parte de los cuerpos fueron movilizados hacia otras instalaciones mientras se organizaban los procedimientos funerarios. Todo un verdadero caos.

Delcy Rodríguez queda expuesta ante la emergencia
Frente a las críticas, Delcy Rodríguez, quien sigue en interinato a pesar de que se le venció el pasado 3 de julio, aseguró que desde el inicio de la emergencia se ordenó evitar entierros masivos sin ningún tipo de identificación.
Según explicó, cada víctima debía contar con un registro que permitiera a sus familiares localizarla. Pero esto también fracasó, porque hay más de 100 cadáveres sin identificar y puede que la cifra siga aumentando.
Rodríguez también rechazó las acusaciones sobre una supuesta desorganización durante los primeros días de la emergencia y dijo que el despliegue de personal fue aumentando conforme avanzaban las labores de rescate.
Aun así, las declaraciones de Rodríguez no coincidieron con los reportes hechos por corresponsales internacionales, organizaciones, ciudadanos presentes y afectados. Todos insistieron en que el Estado no ofreció ayuda, ni mucho menos accionó al momento de la emergencia.

Rodríguez solo dio señales después de las primeras 72 horas, pero la presencia tampoco sirvió. Cientos de personas continuaron con dificultades logísticas, no hubo maquinarias para ayudar a sacar víctimas y tampoco hubo apoyo por parte de fuerzas militares venezolanas.
La tragedia de los terremotos en Venezuela duele y seguirá doliendo por un largo rato, pues solo abrió una herida más profunda en una nación agrietada por la indolencia, corrupción y crueldad.
Mientras algunos luchan aún por sacar cuerpos de entre los escombros y otros lloran las pérdidas, un escenario de malestar, sangre y luto embarga a millones de corazones.





