La controversia por Groenlandia, sumada a sus críticas a Europa y a las instituciones multilaterales, confirma que el segundo mandato del presidente avanza con una lógica de confrontación controlada que redefine alianzas y obliga al resto del mundo a recalibrar sus estrategias. Davos, una vez más, fue el escenario donde quedó claro que la estabilidad global atraviesa una etapa de profunda transformación.
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El Foro Económico Mundial de Davos volvió a colocarse en el centro del debate internacional tras el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien utilizó el escenario suizo para marcar con claridad el rumbo de su política exterior.
En una intervención extensa y polémica, Trump abordó temas clave como la OTAN, la guerra en Ucrania, las relaciones con Europa, Venezuela y, de manera especialmente insistente, su interés estratégico en Groenlandia.
El mensaje dejó en evidencia un giro de alto impacto que vuelve a tensar el equilibrio geopolítico global.

Davos
Desde Davos, Trump defendió su visión de un Estados Unidos fuerte, autosuficiente y menos comprometido con alianzas tradicionales que, a su juicio, no ofrecen beneficios proporcionales.
En ese contexto, volvió a cuestionar el papel de la OTAN y puso en duda el compromiso real de los aliados europeos con la defensa estadounidense.
Según el mandatario, Washington ha asumido durante décadas una carga excesiva en materia de seguridad internacional, mientras Europa se ha beneficiado sin corresponder de la misma manera.
Groenlandia
El tema que más inquietud generó entre los líderes europeos fue, sin embargo, la insistencia de Trump en la adquisición de Groenlandia.
El presidente aseguró que no contempla el uso de la fuerza militar, pero exigió negociaciones inmediatas con Dinamarca y los aliados europeos para discutir la transferencia del territorio ártico a Estados Unidos.
Trump justificó su postura alegando razones de seguridad global, control estratégico del Ártico y capacidad económica para desarrollar la isla, a la que describió como clave para la defensa del mundo occidental.
Estas declaraciones activaron de inmediato movimientos diplomáticos dentro del propio foro. Funcionarios europeos aprovecharon la cumbre para coordinar una respuesta conjunta que permita reducir la tensión y evitar una escalada mayor.
La Unión Europea y la OTAN dejaron claro que el futuro de Groenlandia solo puede decidirlo su población, mientras subrayaron que cualquier intento de presión económica o política dañaría seriamente la relación transatlántica.
En paralelo, Trump aprovechó su presencia en Davos para lanzar mensajes contundentes sobre otros frentes internacionales.
Sobre Ucrania, volvió a distanciar a Estados Unidos del conflicto, insistiendo en que Europa debe asumir la responsabilidad principal.
Aunque confirmó que planea reunirse con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, sus declaraciones reforzaron la percepción de un menor compromiso estadounidense con la guerra, en contraste con administraciones anteriores.
El mandatario también sorprendió al hablar de Venezuela, elogiando la cooperación posterior a una operación militar estadounidense y sugiriendo que el país sudamericano podría experimentar un rápido crecimiento económico bajo la nueva dinámica bilateral.
Estas afirmaciones generaron escepticismo entre analistas y actores del sector energético, que recuerdan la inestabilidad estructural y los antecedentes de expropiaciones en la industria petrolera venezolana.

En el plano económico, Trump defendió con firmeza su agenda interna.
Aseguró que sus políticas han producido un “milagro económico”, minimizó el impacto de los aranceles y sostuvo que la reducción del fraude bastaría para equilibrar el presupuesto federal, una afirmación cuestionada por expertos y organismos oficiales.
Aun así, los mercados reaccionaron con moderado optimismo tras su declaración de que no recurrirá a la fuerza para obtener Groenlandia.
El discurso de Trump en Davos dejó una señal clara. Estados Unidos se mueve hacia una política exterior más unilateral, pragmática y basada en la fuerza económica y estratégica.
La controversia por Groenlandia, sumada a sus críticas a Europa y a las instituciones multilaterales, confirma que el segundo mandato del presidente avanza con una lógica de confrontación controlada que redefine alianzas y obliga al resto del mundo a recalibrar sus estrategias. Davos, una vez más, fue el escenario donde quedó claro que la estabilidad global atraviesa una etapa de profunda transformación.
Fuente: CNN





