Para los científicos, la clave está en avanzar con prudencia. La estimulación cerebral y la memoria forman parte esencial de la identidad humana y cualquier intervención tecnológica debe priorizar la seguridad, el bienestar y el respeto por aquello que nos define como personas.
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La posibilidad de mejorar el funcionamiento del cerebro humano mediante tecnología ya no pertenece únicamente a la ciencia ficción.
En los últimos años, la estimulación cerebral ha ganado protagonismo como una herramienta médica capaz de restaurar funciones alteradas y, potencialmente, optimizar capacidades cognitivas como la memoria.
Sin embargo, los expertos coinciden en que el camino hacia ese objetivo todavía está lleno de matices científicos, clínicos y éticos.

Estimulación cerebral
Tradicionalmente, el cerebro se ha entrenado mediante lo que los especialistas llaman métodos de software, es decir, ejercicios mentales, técnicas de memorización y cambios de hábitos diseñados para fortalecer la concentración y el recuerdo.
A ese enfoque se suma ahora el llamado hardware cerebral, que utiliza dispositivos capaces de enviar impulsos eléctricos a zonas específicas del cerebro con el fin de modificar su actividad.
Uno de los ejemplos más consolidados es la estimulación cerebral profunda, una técnica utilizada desde hace años para tratar trastornos neurológicos como la enfermedad de Parkinson.
Este procedimiento consiste en implantar quirúrgicamente electrodos en áreas concretas del cerebro, conectados a un generador de pulsos que se coloca bajo la piel, generalmente cerca de la clavícula.
El sistema funciona de forma similar a un marcapasos, pero aplicado al cerebro.
Según la profesora Francesca Morgante, de la Universidad City St George’s de Londres, esta técnica se reserva para pacientes cuyos síntomas no logran controlarse con medicación.
En el párkinson, la muerte progresiva de las células que producen dopamina afecta la comunicación entre las neuronas responsables del movimiento, lo que provoca temblores, rigidez y lentitud.
La estimulación eléctrica ayuda a normalizar esas señales y puede mejorar de forma significativa la calidad de vida de algunos pacientes.
No obstante, los especialistas advierten que no existe una solución universal. El cerebro humano es una red extremadamente compleja y cada persona presenta un patrón distinto de actividad neuronal.
La doctora Lucia Ricciardi explica que el Parkinson no solo afecta al movimiento, sino también al estado de ánimo, la motivación, el sueño y la memoria.
Estudios
Algunos estudios indican que la estimulación cerebral profunda puede aliviar síntomas como la depresión o la ansiedad, aunque todavía se necesita más evidencia científica.
Uno de los mayores retos es la personalización del tratamiento. Los electrodos utilizados cuentan con múltiples segmentos que pueden activarse de diferentes formas.
Los médicos deben decidir qué zonas estimular y con qué parámetros de frecuencia, amplitud e intensidad. Este proceso, que antes dependía del ensayo y error, empieza a beneficiarse del apoyo de la inteligencia artificial, capaz de sugerir combinaciones más precisas para cada cerebro.
Más allá de los trastornos del movimiento, la investigación también explora si estas tecnologías pueden fortalecer la memoria. El foco está puesto en el hipocampo, una región clave para transformar experiencias en recuerdos a corto y largo plazo.
El doctor Robert Hampson, de la Universidad Wake Forest, ha estudiado durante años los patrones eléctricos asociados al buen funcionamiento de la memoria, primero en animales y luego en humanos.

Su equipo desarrolló una prótesis neural hipocampal, un dispositivo experimental que busca imitar esos patrones cuando la memoria falla.
En pruebas realizadas con personas con epilepsia, los resultados mostraron mejoras de entre un 25 % y un 35 % en la retención de información durante períodos que iban de una hora a 24 horas, especialmente en quienes presentaban mayores dificultades al inicio.
Aunque estos avances abren la puerta a futuras aplicaciones en enfermedades como el alzhéimer, los expertos mantienen la cautela.
Todavía no se comprende del todo por qué algunas personas tienen una memoria más eficiente que otras ni si es posible mejorar el cerebro más allá de su funcionamiento normal. A esto se suman las implicaciones éticas y los riesgos inherentes a cualquier cirugía cerebral.
Para los científicos, la clave está en avanzar con prudencia. La estimulación cerebral y la memoria forman parte esencial de la identidad humana y cualquier intervención tecnológica debe priorizar la seguridad, el bienestar y el respeto por aquello que nos define como personas.
Fuente: BBC






