Posponer tareas parece un hábito cotidiano, pero detrás de los procrastinadores pueden existir diferentes patrones de comportamiento relacionados con las emociones, la forma de pensar y la manera en que cada persona enfrenta sus responsabilidades.
Investigadores señalan que identificar los tipo de procrastinadores pueden ser un primer paso para modificar esta conducta y recuperar el control del tiempo.
Leer más: Free Cover impulsa histórico concierto benéfico por Venezuela
Una parte importante de la población reconoce retrasar actividades de manera frecuente. Aunque muchas veces se interpreta como falta de disciplina o desinterés, especialistas aseguran que la procrastinación puede estar relacionada con la intención de evitar emociones incómodas como ansiedad, miedo al fracaso o estrés.

Procrastinadores
El doctor Itamar Shatz, profesor de la Universidad de Cambridge, explica que comprender el tipo de procrastinador que representa cada persona puede ayudar a encontrar estrategias más efectivas para cambiar el comportamiento. Según su investigación, existen nueve perfiles que pueden aparecer de manera individual o combinada.
Uno de ellos es el soñador, caracterizado por dedicar demasiado tiempo a imaginar escenarios futuros y dejar en segundo plano las acciones necesarias para alcanzar sus objetivos. También está el rebelde, cuya procrastinación puede surgir como una forma de resistirse ante situaciones en las que siente que no tiene suficiente control.
Los hedonistas tienden a priorizar el placer inmediato sobre las obligaciones pendientes. Para ellos, una actividad entretenida del presente puede parecer más atractiva que una tarea necesaria.
En cambio, los buscadores de emociones fuertes encuentran motivación en la presión de los plazos cercanos y suelen esperar hasta el último momento para actuar.
Otro perfil es el inconstante, que cambia constantemente de actividad y tiene dificultades para mantener la atención en un solo objetivo.
A estos se suman las personas preocupadas, que retrasan tareas por temor a los posibles resultados; los pesimistas, que anticipan dificultades antes de comenzar; los perfeccionistas, que pueden bloquearse por miedo a no alcanzar un resultado ideal; y las personas agotadas, cuya falta de acción está vinculada al cansancio acumulado.
Sin embargo, algunos expertos advierten que estas categorías no deben entenderse como características permanentes de la personalidad. Ian MacRae, psicólogo laboral de la Sociedad Británica de Psicología, recomienda interpretar estos comportamientos como estados temporales.
En lugar de pensar “soy perfeccionista”, propone analizar la situación como “hoy estoy actuando como un perfeccionista”.
Por su parte, la profesora Fuschia Sirois, especialista de la Universidad de Durham, considera que la causa principal de la procrastinación no está necesariamente en la tarea pendiente, sino en las emociones negativas asociadas con ella. Según explica, las personas suelen evitar cómo se sienten frente a una actividad más que la actividad en sí misma.
Los estudios sobre el funcionamiento cerebral en personas que procrastinan muestran diferencias en las áreas relacionadas con la regulación emocional.
Cuando aparece una sensación de amenaza, la amígdala responde rápidamente, mientras que la corteza prefrontal, encargada del pensamiento racional, necesita más tiempo para recordar que la situación quizá no sea tan complicada como parece.
Para combatir la procrastinación, los especialistas recomiendan comenzar por reconocer la emoción que provoca el retraso. Identificar si la causa es el miedo, la autocrítica o la sensación de dificultad permite comprender mejor el problema y buscar una solución adecuada.
También sugieren utilizar técnicas de relajación, como la respiración consciente y la atención plena, para reducir la ansiedad. Controlar la culpa y desarrollar una actitud más amable consigo mismo puede ayudar a romper el ciclo de postergación.
Además, resulta útil eliminar distracciones, dividir las tareas grandes en pasos pequeños y comenzar con acciones sencillas que generen avances rápidos. Para muchos, el mayor desafío no es terminar una actividad, sino dar el primer paso.
Aunque la procrastinación no siempre es negativa, ya que algunos problemas pueden resolverse con el tiempo sin necesidad de actuar de inmediato, las responsabilidades importantes requieren iniciativa. Según MacRae, esperar a sentir motivación puede convertirse en una trampa: muchas veces la motivación aparece después de comenzar.
Convertir la intención en acción puede ser la estrategia más efectiva para dejar atrás la procrastinación y avanzar hacia los objetivos pendientes.
Además, resulta útil eliminar distracciones, dividir las tareas grandes en pasos pequeños y comenzar con acciones sencillas que generen avances rápidos. Para muchos, el mayor desafío no es terminar una actividad, sino dar el primer paso.
Aunque la procrastinación y los procrastinadores no siempre son algo negativo, ya que algunos problemas pueden resolverse con el tiempo sin necesidad de actuar de inmediato, las responsabilidades importantes requieren iniciativa. Según MacRae, esperar a sentir motivación puede convertirse en una trampa: muchas veces la motivación aparece después de comenzar.
Convertir la intención en acción puede ser la estrategia más efectiva para dejar atrás la procrastinación y avanzar hacia los objetivos pendientes.
Fuente: BBC





